Fangio

Por Pablo Morosi

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Sobre este libro:

Fangio fue sin dudas una leyenda del automovilismo, quíntuple campeón mundial de la Fórmula 1, es considerado uno de los más grandes pilotos de todos los tiempos. Esta biografía relata sus reconocidas proezas en las pistas, pero, sobre todo, echa luz a las sombras y da voz a los silencios del hombre de carne y hueso detrás del volante.

Ni el paso de los años ni la irrupción de nuevos corredores en la constelación del automovilismo internacional pudieron eclipsar a Juan Manuel Fangio. Su vida deportiva no deja de asombrar: entre 1938 y 1958 alcanzó 79 victorias y en la Fórmula 1 obtuvo cinco campeonatos con cuatro escuderías diferentes: Alfa Romeo, Maserati, Ferrari y Mercedes-Benz. Su desempeño fue simplemente arrollador y sigue despertando la pasión por el automovilismo, tanto en los fanáticos de las carreras como en los nuevos pilotos argentinos.

Esta biografía, del  periodista Pablo Morosi, relata sus reconocidas proezas en las pistas, pero, sobre todo, echa luz a las sombras y da voz a los silencios del hombre de carne y hueso detrás del volante.

 

Fragmento

"El joven de ojos celestes espera la orden de largada aferrando el volante con ambas manos. Lleva puesto el mismo overol desgastado que usa a diario en el taller, unas antiparras le protegen los ojos y cubre su cabeza una suerte de cofia de tela. Inscripto con el seudónimo “Rivadavia”, el muchacho de 25 años oriundo de Balcarce se prepara para hacer su bautismo como piloto sin saber que ese día quedará marcado como un hito no solo en su vida sino también en la historia del automovilismo mundial. El séptimo lugar que obtuvo en la clasificación lo ubica en la segunda fila para el inicio de la carrera a bordo del Ford A de Bianculli que lleva pintado sobre la carrocería azulina el número 19.

Aquel domingo 25 de octubre de 1936 se inauguró el Circuito Benito Juárez, en la localidad del mismo nombre. Su perímetro, de forma triangular, como la mayoría de los escenarios en los que se corrían las competencias zonales de la época, abarcaba una extensión de 8.450 metros y en uno de sus lados seguía la traza de la ruta 3. Para completar la prueba, los 23 participantes debían realizar un total de 25 giros. El muchacho balcarceño, Juan Manuel Fangio, estaba confiado: en los ensayos el auto había respondido bien, alcanzando un promedio cercano a los 100 kilómetros por hora.

Participaban corredores de toda la región. Al igual que Fangio –secundado por “Pichón” Bianculli–, varios habían optado por usar apodos para no alarmar a sus familias. Aquel día también hizo su debut oculto tras un seudónimo otro corredor que haría historia: Benedicto Campos, originario de Las Grutas, Río Negro, y afincado en Quequén.

Promediaba la tarde cuando, ante la mirada de 6.000 aficionados fervorosos, el intendente local Venancio Arruabarrena dio inicio a la competencia. El rugir de las máquinas en el arranque desencadenó una escena caótica: todo se cubrió de tierra y polvo. En medio de ese torbellino, Juan buscó avanzar con precaución, concentrado en mantener su posición y evitar colisiones. “No se veía nada. Yo agarré una velocidad y ahí me quedé: ni aceleraba a fondo ni dejaba de acelerar por miedo a llevarme a alguien por delante o que alguien me atropellara a mí, hasta que se disipó la tierra”, evocó más de una vez.

El pelotón apenas había recorrido los primeros 500 metros en medio de la polvareda cuando el auto del piloto Juan Estayno, con Armando Tesone como acompañante, intentó un audaz sobrepaso. En la maniobra, el vehículo se abrió demasiado e impactó violentamente contra una alcantarilla, lo que lo hizo dar varias vueltas por el aire. Siguieron corridas y gritos ahogados por el estruendo de los motores. Tesone no sobrevivió a las heridas sufridas en el accidente.

A pesar del trágico comienzo, la carrera continuó. Mientras los representantes locales Umbro Grimozzi y Henri Jarret de la Mairie –un excéntrico estanciero de origen francés autotitulado “Marqués”– se enfrascaron en una lucha palmo a palmo por el primer puesto, Fangio batallaba por el tercer lugar contra los vehículos de Raúl Bernini y Juan Faré, pero a tan solo dos vueltas del final se vio obligado a abandonar porque su auto se quedó sin aceite, lo que provocó que se fundiera una biela.

El desenlace quedó envuelto en una polémica. Al finalizar la carrera, los organizadores realizaron una revisión técnica, utilizando el coche de Fangio como referencia, y comprobaron que las máquinas de Grimozzi y el Marqués habían sido modificadas, por lo que ambos fueron descalificados. El comité organizador declaró desierta la premiación y, tras arduas discusiones, el triunfo fue otorgado a Faré, que había llegado en tercer lugar.

La misma noche de la carrera, mientras intentaban reparar el auto, Juan enjugó un llanto desconsolado: estaba convencido de que, de no haber sufrido el percance con la biela, podría haber alcanzado la victoria. Cuando el taxista Bianculli se enteró de lo sucedido no ocultó su disgusto. Sin embargo, su malestar se disipó porque los muchachos cumplieron con su palabra y, poco después, le entregaron el coche en condiciones.

Con el paso de los días, Juan recuperó el entusiasmo y se inscribió en una prueba a disputarse en un circuito de Gonzales Chaves, nuevamente con un Ford A de 1930, prestado por Leandro Ialea, junto a quien había trabajado en el taller de los hermanos Carlini.17 A pesar del gran esfuerzo puesto en la preparación, las cosas no salieron según lo planeado. Fangio llegó a la línea de largada cuando la carrera ya había comenzado. Al sumarse a la competencia quedó delante de los coches punteros, que le llevaban una vuelta, lo cual generó gran confusión porque muchos creyeron que el dúo balcarceño iba en la punta. Finalmente, el comisario deportivo dispuso la descalificación y agitó la bandera negra ordenando su retiro del circuito.

Los fracasos suelen templar el espíritu y los socios del taller no estaban dispuestos a rendirse. Durante ese verano, decidieron participar en una competencia para vehículos estándar organizada por la Comisión Automovilística de Balcarce, el domingo 21 de marzo de 1937 en el circuito La Chata. El problema era conseguir un coche. Lo solucionaron cuando Raúl Rezusta, por entonces al frente de la oficina local de la Dirección de Rentas bonaerense, ofreció a Fangio su flamante Buick de 8 cilindros: un auto de dos plazas, descapotado y con aspecto deportivo, a diferencia de los que habían utilizado en sus dos primeras carreras.