Animales puaj
Sobre este libro:
Animales Puaj es el título más reciente de la serie Asquerosología de ediciones iamiqué, colección de no ficción que lleva más de una década conquistando lectores en Argentina y América Latina.
Con enfoque lúdico y científico a la vez, el libro invita a explorar el reino animal a través del factor "puaj": mocos, excrementos, vómitos y fluidos corporales dejan de ser tabú para convertirse en la puerta de entrada a la biología, la etología y la ecología. Gorilas que ingieren sus secreciones nasales, conejos que consumen sus heces como estrategia nutricional, animales que escupen o expulsan chorros de sangre para defenderse. El asco es el anzuelo; el conocimiento, la recompensa.
El diseño editorial distintivo de iamiqué combina ilustraciones expresivas con textos accesibles, ideales tanto para la lectura autónoma como para lectores que aún no se animan a los libros de ciencia.
La serie ha demostrado que el humor corporal y la curiosidad científica son universales y culturalmente transferibles, respondiendo a una demanda global de no ficción que captura lectores reticentes.
Fragmento
ANIMALES PUAJ
Con este libro te proponemos escudriñar el mundo animal desde esa sensación tan humana que te hará apartar la mirada y decir «uf», «puf», «aj», «buaj», «puaj» y algunas otras onomatopeyas que las personas inventamos para expresar desagrado.
Pero antes de que te zambullas en sus apestosas páginas, ¡atención, atención!: no se trata de juzgar a los animales que aquí aparecen ni de observarlos con “mirada humana”. Muy por el contrario, la idea es que los disfrutes, los entiendas y aprendas de ellos, para incorporarlos definitivamente al inventario de las cosas maravillosas de la naturaleza.
Carne en descomposición
Con sus alas enormes, una vista y un olfato privilegiados, el buitre vuela a gran altura en busca del cadáver de algún animal. Una vez que lo detecta, desciende y comienza un prolijo trabajo de descuartizamiento: introduce la cabeza por el ano o por las orejas y, con su pico pinchudo y filoso, va trozando los músculos, las vísceras y los tendones. ¡Aprovecha todo!
Cuando termina la comilona, se lava las patas con su propia orina, que actúa como un poderoso desinfectante. Mientras tanto, su estómago empieza a producir unos ácidos tremendamente ácidos que matan las bacterias y los gérmenes de la carne putrefacta. De este modo, además de proteger la propia salud, se evita la propagación de enfermedades, algo imprescindible para el equilibrio del ecosistema.
El que se lleva las sobras del banquete es el buitre quebrantahuesos. Esta ave, capaz de engullir huesos de hasta 30 centímetros de largo, es el último eslabón de la cadena alimenticia. Su nombre le hace honor a una gran estrategia: si se encuentra con una pieza ósea muy grande, la toma con sus poderosas garras, se eleva y la arroja para estrellarla contra las rocas. Así, los huesos fraccionados son más fáciles de engullir. ¡Buen provecho!
*Las cosas por su nombre
Los animales que basan su dieta en carne en descomposición se llaman carroñeros. Las hienas, los coyotes y los chacales están en este equipo, pero enriquecen su menú con la carne de otros animales que cazan por ahí.
Eficiencia carroñera
El cóndor vive en la cordillera de los Andes y es, junto con el albatros, una de las aves voladoras más grandes del mundo. Para encontrar la carroña de la que se alimenta principalmente, puede planear durante largas horas casi sin aletear, es decir, sin gastar energía, gracias a una estrategia de vuelo muy eficiente que aprovecha las corrientes de aire.
Sangre humana
Aunque usualmente se dice que los mosquitos pican, en realidad, solamente las hembras pueden hacerlo. Penetran la piel humana mediante una larga trompa que tienen en su cabeza, con la que succionan sangre en cada picadura. ¡Una gota muy pequeña que genera una molestia enorme! Pero ¿por qué nos chupan la sangre las muy mosquitas? Curiosamente, necesitan algunas de nuestras proteínas para producir los huevos. ¿Y por qué nos pica cuando nos pican? Al perforarnos la piel, nos inyectan un líquido anticoagulante que hace que la sangre fluya y que nos produce esa comezón siempre inoportuna.
Tres o cuatro días después de haber conseguido la porción necesaria de sangre, la mosquita busca una zona húmeda —agua o barro— donde deposita sus huevos. ¡Cada hembra puede poner un promedio de 65 huevos cada cuatro días!
Existen más de 3.500 especies de mosquitos en el mundo y algunas son transmisoras de enfermedades muy serias. El Aedes aegypti (un mosquito que luce cuerpo y patas con rayas blancas y negras), por ejemplo, transmite dengue, malaria, chikunguña, zica y fiebre amarilla. ¡Repelentes y vacunas, en acción!
*Las cosas por su nombre
Tanto el macho como la hembra de piojo son hematófagos, que es la forma refinada de decir que se alimentan de sangre. La hembra puede poner alrededor de seis huevos por día y cada piojo vive hasta 30 días; es decir que si no los combates en cuanto se instalan en tu cabeza, en una semana la población será de cientos…, ¡miles de piojos!
Chupasangres analgésicos
Durante muchos años los médicos usaron sanguijuelas para que les chuparan sangre a los pacientes. ¡¿Quééééééé?! Este tratamiento tan inquietante, que se conocía como sangría, se basaba en el supuesto de que al perder sangre se aliviaban ciertos dolores. ¿Quieres probar?
Mundo perro
Tal vez te haya ocurrido: vas por la calle con tu perro, se detiene ante la caca de otro perro, hace un somero análisis olfativo y, ¡zas!, se la traga. ¡Aggggh! La coprofagia es una conducta normal en los cachorros y, en la mayoría de los casos, desaparece a medida que se hacen adultos. Aun así, hay que prestar atención, porque puede deberse a algún problema de salud o ser un síntoma de estrés, aburrimiento o necesidad de afecto.
También puede ocurrir que tu adorado perro devore con empeño su propio vómito. Aunque resulte un espectáculo insoportable, este comportamiento es normal: quizá no quiere dejar rastros (una conducta genética) o puede ser que, a través de su digestión, recupere algunos nutrientes. De cualquier manera, un asco.
Si revisas sus pelos podrías encontrar garrapatas o pulgas. ¡Atención! Las garrapatas pueden contagiarle la enfermedad de Lyme, que provoca dolores musculares y trastornos hepáticos. Las pulgas, por su parte, pican mucho y pueden provocarle infecciones cutáneas. No esperes a que se rasque desesperadamente: el veterinario te recomendará lo más adecuado en cada caso.
Mundo gato
¿Has intentado alguna vez bañar a tu gato? ¡Misión imposible! Los gatos aborrecen el agua y se limpian a sí mismos —y a veces entre ellos— con la lengua. Entre maullidos y siestas, se lamen patas, lomo, genitales, orejas… Una forma de lavarse muy particular y bastante repugnante, sin duda.
La cosa no termina ahí: cada tanto, tu querido felino vomita una especie de chorizo de pelos, suciedad y saliva. Esta sabrosura que lanza desde su estómago es la prueba de que goza de buena salud, pues vomitar esas piezas orgánicas le permite purgarse de toda la basura y los pelos que se va tragando en sus sesiones autolimpiantes. Ahora ya sabes qué son esos choricitos (que parecen caca, pero no lo son) que encuentras sobre la alfombra o, quizás, sobre tu cama. ¡Qué delicia!
Otro dato para la asquerosología felina es que las gatas, luego del parto, se comen su propia placenta ¡y queda todo limpísimo!
¡Basta de hurgarte la nariz!
Saborear los propios mocos no es un hábito exclusivo de las personas: otros primates, como los gorilas, los orangutanes y los bonobos, también lo hacen. Este comportamiento tan elegante, aprendido por imitación de mamá y papá, recibe el nombre de mucofagia (muco: moco, y fagia: ingesta). Claro que para comerse los mocos, primero hay que pescarlos. Y para eso, hay que hurgarse la nariz. El acto de andar hurgando la propia nariz (¡nunca la ajena!) también tiene nombre: rinotilexis (rhino: nariz, y tillexis: hábito de hurgar). Nombres complicados para acciones simplemente asquerosas.
Si de hurgar se trata, cuando los monos se acicalan entre sí, buscan en el pelaje de sus congéneres piojos, garrapatas y suciedad. Además de cumplir una función higiénica, este acto de cuidado fortalece las relaciones del grupo y confirma las jerarquías. Y, de paso, resulta provechoso para quien ejerce la limpieza que, a medida que encuentra piojos y otros bichitos, se los mete en la boca y glup: ¡snack proteico! Una costumbre asquerosa-amorosa que alimenta poco y nada, pero se saborea con mucho gusto. ¡Ñam, ñam!
El aye-aye, un primate que solo se encuentra en Madagascar, también tiene la costumbre de hurgar su nariz. Este extraño animal posee un tercer y un cuarto dedo con falanges extraordinariamente alargadas y delgadas que son fundamentales para su dieta. Estos “utensilios” le permiten extraer la pulpa de algunos frutos, las larvas y los insectos que se ocultan bajo la corteza de los árboles y, también, ¡los mocos de sus propias fosas nasales!
Si los humanos tuviéramos un dedo con la misma proporción que la del cuarto dedo del aye-aye, mediría unos 30 centímetros. Simulaciones realizadas con modelos 3D, obtenidos a partir de tomografías, muestran que cuando el aye-aye introduce ese dedo en su fosa nasal, atraviesa todo el interior de la nariz y puede llegar hasta su faringe. ¡Una limpieza más que profunda!