Tengo un amigo que se murió
Sobre este libro:
Hablar de la muerte es difícil, y más cuando quien se va es un amigo. “Tengo un amigo que se murió. No hay poesía para eso.” Así comienza la canción de Patricio Famulari que aquí se hizo libro con la asombrosa interpretación gráfica de Amanda Baeza.
El texto recorre el desconcierto, la tristeza, la memoria y el amor que persiste después de la pérdida. Sin solemnidad, pero con una poesía muy sensible, la historia acompaña al lector en el proceso de recordar, despedirse y seguir cantando a quienes ya no están.
Fragmento:
Tengo un amigo que se murió…
no hay poesía para eso.
Nunca antes había sentido esto:
tengo un amigo que se murió, y punto.
(mejor: punto y seguido).
Tengo un amigo que se murió…
(reitero) no hay poesía para eso.
Ni un segundo puedo olvidar el suceso:
apenas despierto, apareció.
Algunos dicen “está en el cielo”.
Otros comentan “ahora está mejor”.
Que “vive su alma en nuestros pensamientos” …
qué sé yo.
Lo del tizón encendido… no sé.
La mariposa naranja… tal vez.
Lo de observar la Vía Láctea…
te busco y te encuentro en esta canción.
Y no sé
si el horizonte o la luna…
no sé
si el colibrí o el mar…
solo sé
que te saludo cantando,
te busco y te encuentro
en esta canción para vos.
Y no necesito aparezcas
en señales luminosas
ni en una estrella fugaz
ni en un susurro detrás
ni en un objeto que se mueva de aquí para allá.
Y no necesito, en un sueño,
tener una conversación
ni un chaparrón en el sol
ni un sonido anónimo.
Siempre estarás presente,
y lo vivido, en mi memoria.