Vida de un lápiz

Por Nicolás Schuff, Martina Trach

Contacto

Belén Chaud

Producción editorial

Sobre este libro:

En un bosque crece un cedro. Lo talan y, con la madera, se fabrica el lápiz de esta historia, que irá de mano en mano desde una tienda en Canadá hasta la mesa de un bar en Buenos Aires. En cada sitio encontrará su dueño circunstancial: un prisionero que planea una fuga, un estudiante enamorado, una arquitecta en tránsito, una retratista que trabaja en un hotel. Al fin, empujado por la fuerza de la casualidad o del destino, llegará a las manos de un escritor que nos cuenta este misterioso y en apariencia fortuito recorrido: nada más –y nada menos– que la vida de un lápiz. Escrito por Nicolás Schuff e ilustrado por Martina Trach, es el primer libro del catálogo que está dirigido a lectores juveniles.

Fragmento:

El punto de partida de cualquier libro es un bosque.  De ahí viene la madera con la que se hace el papel. Y, en nuestro caso, también el lápiz para escribirlo y dibujarlo.  Este es un bosque en Canadá, donde un día nace un cedro.  Crece junto a otros árboles.  A lo largo de los años, dos pájaros hacen nido entre sus ramas.  Siete pichones aprenden a volar desde su copa.  Una mañana soleada, lo talan.  Con el tronco del cedro se fabrican más de mil lápices.  Son empaquetados en cajas y se distribuyen por el país.  En un pueblo, un hombre flaco entra a una tienda con una moneda.  La dueña del negocio lo conoce. Suele comprar anzuelos y tabaco.  El lápiz es para su hermano gemelo, que está preso.  El preso conoce bien la cárcel desde afuera.  El edificio se construyó cuando él era chico, en los límites del pueblo.  Entonces iba hasta ahí en bicicleta, con su perro, y se quedaba mucho tiempo mirando la obra.  Las máquinas le hacían pensar en animales fabulosos del futuro.  Una noche trepó a una grúa.  Se sentó en la cabina hasta que la claridad del día borroneó las estrellas.  Ahora que está encerrado en aquel edificio, el preso usa el lápiz que le regaló su hermano para diseñar, durante meses, un plano del penal.  Pasillos, celdas, patios, pabellones, baños, oficinas.  Descubre que es posible escapar por un desagüe.  Nadie se entera de la fuga hasta unas horas más tarde.  El guardia que revisa la celda encuentra el lápiz.  Hace quince años que trabaja ahí y es la primera vez que alguien se escapa.